Anónimo – Lo que envenena a la vida de toda la congregación

¿Por qué tantos pastores hablan de forma patética, por qué actúan de forma poco natural, por qué parecen tensos? Muchos feligreses esperan que su pastor sea un santo. Es muy peligroso que un pastor intente conformarse a la imagen que la gente tiene de él. Entonces se convierte en un hipócrita y se olvida de cómo ser humano. No nos engañemos a nosotros mismos ni a los demás con palabras piadosas, no disfracemos nuestra ira de ira santa ni nuestra ambición de lucha por el reino de Dios. Si algo anda mal en la vida de un pastor, tratamos de ocultarlo a la congregación. Pero el mal que se encubre sigue actuando en secreto y envenena la vida de toda la congregación. Debemos dejar de hacernos los fuertes, los que nunca son tentados, los piadosos. Por mucho que tengamos que luchar a diario por la obediencia a Dios, seguimos siendo pecadores que no pueden vivir de su propia piedad, sino sólo del perdón de Dios. La congregación puede y debe saber que los pastores somos personas que dudamos, que erramos, que somos falibles, que la palabra consoladora y exhortadora de Dios que decimos a los demás se aplica ante todo a nosotros mismos. Sólo quienes se encuentren en plena solidaridad con la congregación en cuanto al conocimiento de ser pecadores pueden proclamar con autoridad el mensaje de la justificación de los pecadores.