1. Los tipos de sufrimiento
Por sufrimiento entendemos la sensación de acontecimientos dolorosos que impiden la vida. Sin conciencia probablemente no hay sufrimiento. El sufrimiento de los animales sólo puede deducirse de su comportamiento. Un ser vivo sufre no sólo según el grado de dolor que se le inflige, sino también según el grado de su conciencia. Por eso, la capacidad de sufrimiento alcanza su clímax en el ser humano. Una persona tiene y siente dolor en algo que es parte (órgano) de sí misma, pero a la vez lo sufre como persona. El sufrimiento es, por tanto, algo subjetivo que afecta al centro de la persona. Tiene sentido diferenciar entre:
- Sufrimiento que las personas infligen consciente o inconscientemente a otros (incluidos los animales) y a sí mismas. Esto incluye los conflictos interpersonales, incluidos los ideológicos (por ejemplo, la persecución de disidentes) y muchas formas de sufrimiento derivadas de comportamientos irresponsables (por ejemplo, ciertas enfermedades, accidentes) y de estructuras económicas y sociales injustas. Estos sufrimientos son, por ser causados por el ser humano y si no son verdaderamente inevitables, consecuencia de males de índole moral por los que el ser humano es responsable.
- Sufrimientos que sobrevienen a los seres vivos como «fatalidad» sin que los seres humanos hayan desempeñado un papel evidente en causarlos, por ejemplo, los sufrimientos derivados de numerosas enfermedades, accidentes, catástrofes naturales, debidos a la falta de relaciones y bienes vitales. En la medida en que estos sufrimientos pueden ser evitados por los seres humanos, pero no se evitan de forma intencionada o no, se trata de una omisión culposa.
Las circunstancias que causan el sufrimiento pueden ser físicas, psicológicas, sociales y -lo que es característico del sufrimiento humano- males de índole «metafísico». Este último incluye el hecho de que el ser humano se padece a si mismo (en alemán: Leiden des Menschen an sich selbst), es decir: que padece el sinsentido de su propia existencia y de la existencia en general. Este sufrimiento puede tener causas psicopatológicas, pero también puede basarse en la reflexión y la toma de conciencia cuan desesperada es la situación. También es característico del ser humano que una persona pueda padecer el sufrimiento de los demás. Más allá de causar un sentimiento de «lástima» (en alemán: Mitleid), este sufrimiento puede provocar «compasión» (en alemán: Mit-Leiden), solidaridad y de acciones contra el sufrimiento.
2. Las causas y el sentido del sufrimiento
El sufrimiento puede estar causado por factores causalmente explicables y, sin embargo, plantear la pregunta por las causas «metafísicas» y el significado del sufrimiento. El Antiguo Testamento, y el judaísmo en particular, interpretaban el sufrimiento en parte como retribución por el pecado individual (Génesis 3:16-19; los amigos de Job). Jesús rechazó esta interpretación (Lucas 13:1-5; Juan 9:3). Sin embargo, no se discute en el Nuevo Testamento la conexión entre la culpabilidad general (en alemán: Schuldverfallenheit) y el sufrimiento, que encuentra su expresión más visible en la muerte (Romanos 5:12; 6:23; Santiago 1:15), pero no se pretende que esa conexión proporcione una explicación o justificación moral o metafísica. Más bien, esa conexión señala que el pecado y el sufrimiento pertenecen a los poderes de la «nada» (en alemán: Nichtig, haciendo referencia a un término usado por Karl Barth), que Dios no ha creado, que destruyen su creación y a los que, por tanto, hay que resistir ante todo, lo cual – como puede verse, por ejemplo, en la curación de los enfermos por parte de Jesús – puede manifestarse como lucha contra la enfermedad, la miseria y la injusticia, pero también como lamentación, también ante Dios en la oración (Job, Salmos de lamentación, Romanos 8:19-21; Apocalipsis 21:1-4). Con ello, el ser humano no niega que el sufrimiento sea un poder real en este mundo, pero deja claro que está en contradicción con la salud prometida (en alemán: Heil; haciendo referencia a la vida plena y abundante) por Dios y, por tanto, niega que tenga algún derecho en la creación divina. Así, la cuestión de la causa última del mal queda sin respuesta. El sufrimiento no puede explicarse únicamente en términos de pecado, ni puede atribuirse al pecado el sufrimiento causado por deficiencias de la naturaleza o la sociedad (por ejemplo en el marxismo). Desde un punto de vista teológico, el sufrimiento no debe considerarse como algo que tiene sentido en si mismo y que sea ontológicamente necesario, ya sea presentando a la vida necesariamente como sufrimiento (por ejemplo Schopenhauer, budismo), ya sea subsumiendo todo sufrimiento dentro de una visión evolucionista de la historia y del ser humano de tal modo que se le atribuya al sufrimiento una fuerza vital que posibilita y favorece el desarrollo y la evolución de la historia y de la vida (por ejemplo Hegel, Teilhard de Chardin) o el desarrollo y perfeccionamiento individual. En la medida en que el sufrimiento significa la destrucción de la vida, hay que resistirse a cualquier inclusión de esta «nada» (en alemán: Nichtig) en la buena creación de Dios y, por tanto, a cualquier síntesis teórica de creación y sufrimiento, porque trivializa el sufrimiento convirtiéndolo en algo «natural», algo querido por Dios, y corre así el peligro de burlarse de la profundidad del sufrimiento de la criatura. El sufrimiento de Dios en Cristo es un sufrimiento que se opone al pecado y a la miseria de este mundo. El sentido último del sufrimiento sólo puede residir en su superación, de modo que la redención de la creación del sufrimiento en una nueva creación es la solución a la cuestión del sentido del sufrimiento (Romanos 8:19-21; Apocalipsis 21:1-4). Todos los intentos de demostrar la necesidad y el sentido del sufrimiento defienden la realidad de la miseria frente al «no» que Dios ha dicho acerca de ella.
3. El manejo del sufrimiento
Hay que distinguir el sufrimiento destructivo de las limitaciones asociadas a la finitud de la vida y a la disminución de las fuerzas vitales. Sin embargo, no existen criterios para distinguir objetivamente entre el sufrimiento necesario como expresión de la finitud y los males destructivos. Por ello, debe tomarse como punto de partida el grado de sufrimiento que la persona puede soportar, es decir, distinguir entre sufrimiento soportable e insoportable. Por un lado, la capacidad de sobrellevar limitaciones suele ser tanto mayor cuanto más se percibe el sentido de la vida no sólo en la capacidad de trabajar y disfrutar de la vida. Por el otro lado, el sufrimiento se hace tanto más insoportable cuanto más destruye la posibilidad de llevar una vida con sentido. Ese sufrimiento destructor de la personalidad carece absolutamente de sentido y, sin embargo, el hecho de que el sufrimiento no tenga sentido no significa que la vida carezca de valor. El hecho de que incluso en el sufrimiento sin sentido Dios siga siendo el Dios, que está atento al ser humano y quiere que viva, sólo puede atestiguarse y creerse en contra de toda apariencia (Romanos 8:35-39) a base de la promesa de participación en la vida eterna que fue dada en el sufrimiento y la resurrección de Cristo.
El soportar el sufrimiento no debe confundirse ni con la glorificación del sufrimiento ni con una sumisión fatalista al sufrimiento. Sólo quien es capaz de permitir que su propio sufrimiento y el de los demás le afecten puede ayudar al prójimo que sufre. Así pues, la capacidad de amar y ser solidario, de reconocer el sufrimiento y de luchar contra él depende de una identificación parcial con el prójimo que sufre. Sólo cuando su sufrimiento ya no le lleva a ser segregado de las personas eficientes existe la posibilidad de limitar el sufrimiento evitable, a menudo causado por circunstancias sociales (por ejemplo, en discapacitados y ancianos). La humanidad de nuestra sociedad depende sobre todo de cuanto logremos aceptar en nuestros sentimientos, pensamientos y acciones la naturaleza sufriente del ser humano e integrarla en nuestra vida privada y social, es decir, no dejarnos regir únicamente por el ideal de una vida juvenil y eficiente en cuanto a sus posibilidades físicas y psíquicas.
Fuente: Schober, Theodor/Honecker, Martin/Dahlhaus, Horst (Editores), Evangelisches Soziallexikon, col. 816-818 (traducido por Michael Nachtrab)
