Löhe, Wilhelm – Consideración de tres cosas futuras

Señor Jesucristo, Duque de la bienaventuranza, sé que nada hay más cierto para mí que la muerte, pero su hora es muy incierta. Pero si llega cuando tenga que llegar, atravesaré un momento peligroso, pues la eternidad depende de ese momento. Quien no haya encontrado protección contra los dardos asesinos del diablo, estará perdido.
Pero como esto no es obra de fuerza humana, Te pido, por tu dolorosa muerte, que en aquella hora final no permitas a Satanás que prevalezca sobre mí, sino que me concedas tu última intercesión en la cruz: «Padre, perdónalos». Entrega, te pido, mi alma en las manos de Tu Padre celestial por medio de Tus queridos ángeles. También concédeme que al contemplar tu angustia frente a tu propia muerte no sienta yo la angustia frente a mía.
Yo también soy una de las ovejitas que Tu Padre te ha dado, y aunque a menudo me haya alejado de Ti, he aquí que vuelvo en la firme esperanza e implorándote también que nunca más permitas que me arranquen de Tus manos. Y cuando seré juzgado, según la ley con la cual el mundo ha de ser juzgado, no me juzgues, sino sé mi abogado. Protégeme del tormento del infierno y permita que yo, el más pequeño de tus siervos, esté entre los que te sirven y servirán por la eternidad. He aquí, Señor, amadísimo Jesús, Tú sabes que pongo toda mi esperanza, que espero de ti todo bien y bienaventuranza y que creo firmemente que Tú has hecho lo suficiente por todos mis pecados a través de tu amargo y duro sufrimiento y tu muerte; por tanto, no permitas que me sea avergonzado por tal fe.
Tú has dicho: «El que oye mi palabra, y cree al que me envió, tiene vida eterna; y no será condenado, sino que ha pasado de muerte a vida» (Juan 5:24) Señor, yo escucho Tu palabra: «Que Tú eres el Hijo de Dios vivo, que destruyó las obras del diablo y dio su vida por nosotros» (1 Juan 3:8.16). Y creo también a Tu Padre eterno, que te envió al mundo precisamente para salvarlo. Por eso Tú no me llevarás a juicio, sino que me dejarás pasar de la muerte a la vida. También creo que Tú has destruido el infierno y que preservarás a todos los que se mantienen firmes en Ti. Haz que un día, Señor mío Jesús, pueda ver lo que ahora creo y que yo encuentre la plenitud de la alegría a Tu diestra. Amén.
Oh mi Señor Jesús. Amén. Oh dulce Jesucristo, que naciste hombre, protégenos del infierno. Permíteme recordarlo siempre, para que me guarde de todos los pecados y de tu justa ira, escape del terrible y eterno tormento del infierno, y te alabe y glorifique para siempre dandote el honor y con alegría celestial. Amén.