Pues, aunque Cristo no ha venido a este mundo como un legislador cuyo oficio es reprender los pecados, sino que ha venido como un Salvador cuyo oficio es perdonarlos y remitirlos, no obstante, como no se reconoce cuán grande es el beneficio del perdón de los pecados si antes no se reconoce su magnitud, Cristo asume también a veces el oficio de reprender los pecados para que puedan ser reconocidos.
Aunque un médico se dedique por completo a restaurar la salud de las personas y a ayudarlas a tener una vida agradable, a veces corta con el cuchillo un miembro podrido y causa el más intenso dolor para, de este modo, sanar al enfermo. Pues bien, Cristo ha venido a este mundo como un médico espiritual. Por eso, conforme al oficio de un médico, Él muestra la gravedad de la enfermedad que proviene del pecado, a fin de liberarnos del pecado.
(Meditación homilética para el 9° Domingo después de Trinidad sobre Lucas 16:1-9)
