Eldredge, John – La herida como altar

El dolor, cuando se derrama ante Dios, es un dolor que puede ser sanado. Esa pena que sientes, ese duelo inquieto, ese anhelo solitario, no es algo para esconder o medicar. Es un lugar para que el Salvador venga y lo convierta en tierra santa. De esta manera, la herida de un hombre puede convertirse en un lugar sagrado. Un altar.»