Lutero, Martin – El diablo huye ante el sonido de la música

No cabe duda de que en los ánimos conmovidos por la música existen muchas semillas de virtudes; pero de aquellos a quienes no conmueve, creo que son muy semejantes a troncos y piedras. Pues sabemos que la música es también odiosa e insoportable para los demonios.

Y juzgo sin rodeos y no temo afirmar que, después de la Teología, no hay arte que pueda equipararse a la música. Solo ella, después de la Teología, logra lo que de otro modo solo la Teología consigue, a saber, un corazón tranquilo y alegre. Una prueba clara de esto es que el diablo, autor de las tristes preocupaciones y las inquietudes angustiosas, huye ante el sonido de la música casi como ante la palabra de la Teología.

Por eso los profetas no se sirvieron de ningún arte tanto como de la música. No expresaron su teología en la geometría, ni en la aritmética, ni en la astronomía, sino en la música, de modo que vincularon estrechamente la Teología y la música, y proclamaron la verdad en salmos y cantos.

Pero, ¿por qué alabo ahora la música e intento pintar, o más bien desfigurar, algo tan grande en un trozo de papel tan pequeño? Sin embargo, mi amor por la música, que a menudo me ha reconfortado y liberado de grandes angustias del alma, es inmensamente grande y brota así, sin más.

(Carta al compositor suizo Ludwig Senfl, 1530)