Steffensky, Fulbert – La iglesia, en cuanto edifcio, es un (re)medio para los sufrimientos y una respuesta a las grandes preocupaciones de su entorno

La Iglesia es visible en la ciudad secular. Un medio para negar la legitimidad a una idea es prohibirle su visibilidad. […] En primer lugar, para la propia Iglesia es de vital importancia representarse a sí misma y tener un rostro público. Uno también se convierte en lo que muestra ante los demás; yo me convierto en aquel que atestiguo ser. La verdad necesita del espacio público y la presencia del Espíritu necesita representación. En nuestra Iglesia hay muchos casos de un apresurado ocultamiento de sí misma. Quizás hemos perdido el orgullo y la certeza de que tenemos que administrar tesoros vitales. Si uno no los muestra, no sabe quién es. La supresión de la visibilidad fue el concepto de algunas construcciones de iglesias modernas. Pero, ¿qué pasa si las iglesias desaparecen de la topografía moral de una ciudad? Cuanto más secular e indeterminada es la ciudad, tanto más reconocibles deben ser las iglesias. Las torres de las iglesias no deben dominar el paisaje urbano. Las iglesias deben estar disponibles con sus edificios, con su lenguaje, con sus antiguos gestos para los momentos en que la gente las necesite. […] Cuanto más definida es una iglesia, interior y exteriormente, más puede acoger a huéspedes indefinidos. El presente secular no necesita la adaptación de las iglesias, sino su extrañeza, su particularidad y su claridad. La Iglesia le debe a una sociedad irreconocible su propia reconocibilidad. La sociedad solo puede volverse reconocible si se encuentra con cosas reconocibles. Los jóvenes solo pueden volverse reconocibles si se encuentran con personas reconocibles e instituciones reconocibles.

Una Iglesia pública es una Iglesia abierta, en el sentido más literal de la palabra. Si es verdad que el espacio dispone nuestras oraciones y nuestra calma, entonces también debe ser accesible. Una Iglesia pública es una Iglesia que se explica y se muestra a sí misma. Lo que uno ama, lo muestra, y no lo esconde en un rincón secreto.

Una Iglesia se empequeñece si es solo un lugar para el servicio religioso, y eso los domingos de 10 a 11 de la mañana. La Iglesia – en cuanto edificio – no es un fin en si mismo, sino un (re)medio para los sufrimientos y una respuesta a las grandes preocupaciones de su entorno. Iglesia en la ciudad significa Iglesia para la ciudad.