Pregunta: ¿Por qué rechazó el profeta Eliseo los regalos de Namán y le ordenó lavarse en el humilde río Jordán, negándole el encuentro personal que él esperaba?
Respuesta: Porque Namán no solamente debía ser un instrumento inconsciente de la providencia divina, sino un adorador consciente de la gracia soberana de Dios. La sencillez del agua rompe el orgullo espiritual.
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