14 Cuando llegó la hora, Jesús se sentó a la mesa, y los apóstoles se sentaron con él. 15 Entonces les dijo: «¡Cómo he deseado comer con ustedes esta pascua, antes de que padezca!
Lucas 22:14-15 (RVC)
Desiderio desideravi [ardientemente he deseado]: este es el fin de toda la carrera. Por esto se ha esforzado el Señor durante toda su vida, en su lucha y desvelo por sus discípulos: para que llegara esta hora. Y tal como ellos entonces, también nosotros escuchamos hoy Su palabra, de modo presente, dando testimonio y estableciendo en ese vobiscum [con vosotros] la communio [comunión] que su pasión produce entre Él y nosotros, y entre nosotros mismos; esa comunión única que solo tiene su clave en el Christus praesens [el Cristo presente].
Se ha alcanzado la plenitud del amor —como dice Juan (1 Juan 4:7-21)—, el cumplimiento; hay un tono triunfal en la palabra del Señor, aunque ya esté marcada por el sufrimiento. Se sella la alianza que el infierno no quebrantará; se ha conquistado la posición que las aguas del gran diluvio no alcanzarán. En el sufrimiento del Señor, los suyos están protegidos y salvados…
Ojalá escuchemos en este desiderio desideravi toda nuestra salvación, todo nuestro consuelo; ojalá logremos percibir aquí aquello que permite a un hombre en la tierra, en medio del pecado y la culpa, captar la inmensa misericordia de Dios y alegrarse por ella. ¡Ojalá escuchemos [en este desiderio desideravi] algo de lo decisivo que escucharon y saborearon aquellos que, estando en las prisiones, ante la muerte en la batalla, en la gran soledad de los despreciados y perseguidos, percibieron las palabras de Jesús!
Precisamente este amor de Dios, que sella con nosotros una alianza, refrendada por la muerte, nos da la certeza de que Dios está a nuestro lado, de forma inseparable, en una communio que ni la muerte ni la vida, ni lo presente ni lo por venir podrán romper.
