LA APOTHECA ESPIRITUAL

Remedios espirituales para el cuerpo y el alma


GÓTAS ÓTICAS T26|C16 – Isaías 29:13-14 | La física de la alabanza

Pregunta: ¿Cómo alabas a Dios de boca y de corazón?

Respuesta: Alabo a Dios de corazón cuando el mayor prodigio de Dios – su victoria en Jesucristo sobre el pecado y la muerte – se convierta en mi mayor alegría; y alabo a Dios de boca cuando esa alegría y ese asombro sea tan grande que el silencio me resulte incómodo y no pueda evitar hablar o cantar de ello.

Tesis 1
Porque con el corazón se cree para alcanzar la justicia, pero con la boca se confiesa para alcanzar la salvación. – Romanos 10:10

La verdadera adoración no nace de una obligación moral, sino del deleite profundo en la victoria de Cristo sobre el pecado y la muerte. Es el corazón reconociendo que el mayor prodigio de Dios es su mayor tesoro.

Tesis 2
¡Cantemos al Señor un cántico nuevo por las proezas que ha realizado! ¡Con su diestra, con su santo brazo, ha alcanzado la victoria! – Salmo 98:1

Cuando el gozo por la obra de Dios se vuelve abrumador, el silencio se vuelve imposible. La voz —ya sea en canto o palabra— se convierte en el órgano que hace pública la realidad interna de la fe.

Tesis 3
Por eso, volveré a despertar la admiración de este pueblo con un prodigio impresionante y maravilloso. Quedará deshecha la sabiduría de sus sabios, y se desvanecerá la inteligencia de sus entendidos. – Isaias 29:14

Para que la alabanza no sea solo un mandamiento humano o una tradición mecánica, Dios interviene despertando nuestra admiración con la «locura» de la cruz y la resurrección, la cual da forma a nuestra fe y alabanza.

Mira, aquí tenés el verdadero sentido de lo que es alabar y adorar a Dios; […] consiste en que el corazón no busque consuelo ni confianza en nadie más que en Él, y que no se deje desviar, sino que por amor a Dios esté dispuesto a arriesgar y dejar de lado todo lo terrenal. Por otro lado, es fácil notar y juzgar cómo el mundo solo practica una adoración falsa y la idolatría. Porque no ha existido pueblo, por muy decadente que fuera, que no haya establecido y seguido algún tipo de culto religioso; cada cual ha convertido en su propio dios aquello en lo que puso su esperanza de bendición, ayuda y consuelo.

(Catecismo Mayor, Explicación del 1° Mandamiento)

De boca y corazón load al Dios del cielo,
pues nos dio bendición, salud, paz y consuelo.
Tan sólo a su bondad debemos nuestro ser;
Su santa voluntad nos guía por doquier.

(Martin Rinkart / Traducción: Federico Fliedner)