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Krummacher, Friedrich – Convertir los lágrimas de amor de Jesús en una poción de opio
‘Bueno, pero Él es tan amable,’ dicen ustedes. – ¿Quién? – ‘¡Jesús, el Señor!’ – Sí lo es, hermanos; lo es en el más alto grado. Pero, ¿qué quieren decir con eso? ¿Creen que pueden juguetear con Él, y que al final no los dejará afuera en la puerta del cielo? ¿Quieren convertir sus lágrimas de amor por Jerusalén en una poción de opio, y tildarlo a Él, el Santo y Justo, de siervo del pecado? ¡Oh, que así no sea! Vengan, miren de nuevo, y vean que Él también puede hacer algo más que llorar lágrimas de compasión. Ha… Seguir leyendo
2–3 minutos -
Krummacher, Friedrich – El camino del corazón destrozado
El camino del corazón destrozado – no el de romperse la cabeza – lleva a la comunión con Dios. Seguir leyendo
1–2 minutos -
Krummacher, Friedrich – El Señor del cielo llora
¿Es verdad lo que ven nuestros nuestros ojos? En nostalgia Jesús derrama su corazón. ¡Él llora! No es solo una lágrima aislada que humedece sus pestañas. No, un torrente de lágrimas brota de sus ojos, y lo hace por ella, por la llamada ciudad santa, la que celebra a grandes voces y se regocija, pero que a pesar de su júbilo no lo conoce, ni quiere conocerlo, y que pronto lo crucificará. Piénsalo: ¡el Señor del cielo, la fuente original de toda bienaventuranza, llorando! ¡Tan completa y totalmente se había hecho hombre! ¡Unió tanto nuestra pobre naturaleza con la suya… Seguir leyendo
3–4 minutos -
Gossner, Johannes – La profanación del templo interior
Si Él se enfureció allí y castigó la profanación del templo exterior, que estaba destinado solo a la destrucción, ¿cuánto más se enfurecerá y se encolerizará por la profanación del templo interior, el templo viviente de Dios? Por la impureza del corazón, cuando este santo templo de Dios se convierte en una cueva de ladrones (o asesinos), que en realidad debería ser la casa de oración, la morada de Dios, donde solo nos relacionamos con Dios, donde el Hijo quiere manifestarse a nosotros, y venir con el Padre y hacer morada en nosotros. El corazón del hombre tiene una determinación… Seguir leyendo
2–3 minutos -
Gossner, Johannes – La ceguera más terrible
¿Qué ve Jesús en tu corazón? ¿Qué puede esperar de ti? – Escucha lo que Él dijo bajo lágrimas: «¡Oh, si conocieras tú también, por lo menos en este tu día, lo que conduce a tu paz! Pero ahora está encubierto a tus ojos.» No eran, pues, lágrimas de venganza y de ira, ni lágrimas de su propio dolor por su futuro sufrimiento y cruz; no, eran lágrimas de compasión y de amor, de dolor y de nostalgia por la perdición y la miseria de la ciudad, de los habitantes de Jerusalén, por su ceguera y su perversidad, porque se… Seguir leyendo
2–3 minutos -
Lutero, Martin – Los asesinos del alma
Este es el verdadero pecado, que se llama asesinato, porque no se asesina el cuerpo, sino las almas eternamente. Es decir, cuando se enseña y se induce a que la gente confíe en sus propias obras, y no en la bondad y misericordia de Dios. Esto no lo pudo soportar Cristo. Nosotros tampoco debemos soportarlo, sino que debemos defender, tanto como podamos, a través de la Palabra (porque no se nos ha mandado nada más): que la gente se aparte de esa enseñanza y no confíe en sus propias obras y méritos, como si a través de ellos pudieran deshacerse… Seguir leyendo
1–2 minutos -
¡Rinde cuentas! ¡Qué palabra de trueno! – BWV 168
Nombre: «¡Rinde cuentas! ¡Qué palabra de trueno!» Número: BWV 168 Flores: Salmo 50; Lucas 16:1-9; poesía de Salomón Franck; 8° estrofa del himno «Herr Jesu Christ, du höchstes Gut (Señor Jesucristo, supremo bien)» de Bartholomäus Ringwaldt (1588) Estado anímico: Te sientes abrumado por las preocupaciones que traen consigo tus posesiones; o estás entrampado en un estado de procrastinación; sientes desesperación al «auditarte» a ti mismo ante tu propia consciencia; Efecto potencial: Libertad para dejar las preocupaciones del dueño y convertirte en un buen administrador; estimulación al amor y las buenas obras, confianza en Dios, un auditor justo y misericordioso Aplicación:a) para principiantes: 1 pequeña dosis diaria… Seguir leyendo
3–5 minutos -
Agustín de Hipona – Las riquezas injustas
“Las «riquezas injustas» son todas las riquezas de este mundo, sin importar de dónde provengan. Porque si buscas las verdaderas riquezas, esas son otras: son aquellas de las que Job, aun estando desnudo, todavía tenía en abundancia: su corazón lleno, que estaba completamente orientado hacia Dios. Aquellas, sin embargo, se llaman riquezas injustas porque no son verdaderas riquezas: hay mucha miseria en ellas y siempre están sujetas a los azares de la vida; si fueran verdaderas riquezas, expulsarían toda preocupación de tu corazón.” Seguir leyendo
1–2 minutos -
Veit, Dietrich – Guárdanos de la avaricia
Señor Dios, Padre celestial, que nos has bendecido con abundancia y nos das el pan de cada día, te pedimos: guárdanos de la avaricia y despierta nuestros corazones para que, con gusto y generosidad, compartamos nuestras bendiciones con los pobres.Ayúdanos a ser hallados fieles administradores de tus bienes, para que no padezcamos necesidad en la eternidad, cuando seamos llamados a rendir cuentas de nuestra administración y comparezcamos ante tu juicio. Amén. Posición recomendada: Reverencia con rostro en la tierra; sentadoTiempo recomendado: Antes de tomar una decisión financiera; después de un éxito; a la hora de comer Seguir leyendo
1–2 minutos -
Melanchthon, Felipe – La penosa y enquistada preocupación por el dinero y el alimento
Vemos cómo en los tiempos de abrumadora necesidad o de grandes peligros el corazón humano se angustia, y cuán difícil le resulta superar una pérdida temporal. Uno se ve afectado de manera más o menos desagradable por esta experiencia, otro por aquella; sin embargo, todos estamos constituidos de tal manera que la pérdida terrenal nos causa una impresión muy dolorosa. ¡A cuántos una ofensa sufrida a su honor, o una injuria inmerecida, los lleva a la locura! En una palabra: a todos los hombres la pérdida terrenal y temporal les causa una aflicción y un dolor mucho mayores que la… Seguir leyendo
2–3 minutos
